sábado, 7 de febrero de 2015

Prólogo: Nacer y Despertar

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-CÁPSULA NÚMERO 11, PREPARANDO SU APERTURA. PERSONAL PREVENIDO.
Seis fueron los encargados de abrir la cápsula, los mismo seis que la habían encontrado meses atrás. Siempre eran los mismos seis, los encargados de seguir al pie las órdenes más discrepantes y secretas de la máquina. Vestían ajustados trajes plateados con los que la máquina registraba cada uno de sus movimientos, y capas negras para indicar su posición ante la población. El visor en uno de sus ojos y el controlador instalado en su afeitada nuca los delataba como lo que eran en cualquier parte de Zidra.
Lo que encontraron en la cápsula no los sorprendió. En ella había exactamente lo mismo que habían encontrado en las otras diez: Un ser humano, esta vez otra de sexo femenino. Su sereno semblante dormido y pálido contrastaba con su cabello negro, extendido alrededor de su cabeza. Uno de los plateados colocó su mano en la amplia frente de la muchacha, transmitiendo la información de su calor corporal a la máquina. Otro buscó la etiqueta de su muñeca, la cual habían encontrado en los demás sujetos, y sus ojos transmitieron la imagen de la etiqueta a la máquina.
-ANDRÓMEDA WINTER –leyó la robótica voz que salía de uno de los altavoces de la sala y de cada uno de los comunicadores de Los Seis- ALMACENADA EL DÍA SIETE DE MARZO DEL AÑO 2 DESPUÉS DE LA ALIANZA JUNTO A SUS COMPAÑEROS. HIJA DEL Dr. WINTER, POR FAVOR, QUEDA EN SUS MANOS TODO LO QUE TENGO, CUIDADLA BIEN TRAS SU DESCRIOGENIZACIÓN. ELLA NO FUE CULPABLE.
La parte humana de Los Seis les permitió sentir curiosidad, ¿Culpable de qué? El resto de etiquetas se limitaban a exponer los datos personales de cada muchacho, pero aquella venía en forma de súplica. Además, todos los demás databan del día 26 de Noviembre del 2580 antes de La Alianza y de la guerra, pero no ésta última. La máquina detectó estas inseguridades, y la máquina habló de nuevo:
-EL SUJETO ES SANO Y VIABLE. SE PROCEDERÁ A SU CLONACIÓN POR EL BIEN DE LA HUMANIDAD AL IGUAL QUE EL RESTO DE ELLOS. EL RESTO DE DATOS SON IRRELEVANTES. ANDRÓMEDA DE 19 AÑOS Y 3 MESES DE EDAD DARÁ LUGAR A LA SERIE ANDRÓMEDA, LLEVADLA A LA SALA ROJA.
La posible duda que pudieran haber sentido los plateados no duró mucho en sus frágiles mentes, todos murmuraron al unísono aquello de “por el bien de la humanidad” y comenzaron su tarea. Levantaron el cuerpo desnudo de Andrómeda como quien levanta un fardo y la llevaron a una camilla. De los seis, Uno examinó su cuerpo en busca de desperfectos, encontró cicatrices en su espalda y brazos que comenzó a eliminar; Dos introdujo un suero descongelante en su sistema sanguíneo; Tres y Cuatro cerraron y almacenaron la cápsula, con la etiqueta aún en su interior; Cinco preparó la sala roja con todo lo necesario y Seis conectó su sistema sanguíneo en proceso de descongelación a la máquina de diálisis. El genoma de Andrómeda quedó totalmente secuenciado en apenas unos minutos, y su sangre quedó limpia de agentes peligrosos o innecesarios. Su corazón alcanzó un ritmo aceptable de latido y su cuerpo empezó a calentarse.
Andrómeda despertó en la sala roja. O mejor dicho, nació en la sala roja.
 Se le llama la sala roja porque básicamente, está iluminada con una cálida luz de ese color. A la hora de poner nombres, la máquina no posee demasiada inventiva. Tiene forma rectangular y cuenta con una cama, una pantalla, un aseo y varios instrumentos médicos de análisis. Cada día uno de Los Seis entra en la sala roja para examinar a Andrómeda. Le pregunta si sabe quién es, le pregunta si recuerda cómo hablar, la hace caminar sobre una cinta y se asegura de que come y bebe lo necesario. Cada día Andrómeda no habla, no recuerda y camina torpemente, no en vano lleva sin utilizar los músculos alrededor de 240 años. Se mueve y obedece a las instrucciones de los plateados automáticamente, sin objetar nada, casi por instinto. No se esfuerza en especial en mejorar o en comunicarse, simplemente es. Le lleva la inercia y el instinto de seguir viva.
Al séptimo día le implantan una KATT en el brazo. No es nada fuera de lo común, pero posee algunas modificaciones con respecto a los de la población normal de Zidra. Está en constante contacto con la sangre de Andrómeda y envía sus signos vitales y cada uno de sus componentes en sangre a la máquina en todo momento. La KATT es el sistema de todo. En el pasado el ser humano necesitaba de infinidad de aparatos, actualmente solo necesita de la KATT. La KATT controla todo lo que está permitido controlar, sirve de comunicador, de diagnosticador, de instrumento de trabajo, de búsqueda de información y localizador. Se conecta a todo lo conectable, a cualquiera de la infinidad de pantallas de Zidra. Es un entretenimiento constante implantado en tu antebrazo. Andrómeda intentó extirpárselo en varias ocasiones, en las que Los Seis la controlaron, cuidaron de su hemorragia y volvieron a implantárselo. Al tercer intento desistió.
Al vigésimo día habló.
Tenía la voz entrecortada y gastada, como quien acaba de quedarse afónico:
-No me gusta.
Uno de los Seis, aquel que portaba en su traje el número 4, levantó la mirada y la fijó justamente a sus ojos. Su rostro apenas reflejaba nada, señales de que estaba más pendiente de las órdenes de la máquina que de su frágil paciente. Al final contestó, con voz quebrada, preguntándole a qué se refería.
-No me gusta la luz. No me gusta la comida. Me duele. – La chica hablaba con dificultad y lentitud, palabras que llevaba varios días sopesando. – No entiendo.
El plateado le dedicó una suave sonrisa, que descolocó a Andrómeda por completo, aunque sin darse cuenta, ella sonreía a su vez.
-Dí lo que deseas y se te dará. Dentro de poco trabajarás por el bien de la humanidad.
-Quiero ropa. –Susurró, recordando por un momento que existía el pudor a estar desnuda.- Quiero saber.
-¿Recuerdas quién eres?
Andrómeda se encogió de hombros.
-Sé que soy Andrómeda, sé que estoy en esta sala. Sé hablar, y moverme, y pensar.
-¿Y antes de esta sala?
-¿Antes? –Lo miró sin comprender- pitidos, debilidad... No, espera –se detuvo- eso fue también en esta sala.
El número cuatro asintió en silencio y salió del pequeño habitáculo de la muchacha. Volvió tras pocos minutos, con un traje completo ajustado a su cuerpo, totalmente a su medida. Era de color blanco níveo, con una ancha franja roja atravesando horizontalmente su pecho. Llevó a Andrómeda a la ducha y la limpió a conciencia, ella se dejó hacer, aún confusa debido a los cambios en su corta vida. Cuatro la secó, le recortó la melena hasta dejarle el pelo muy corto, la vistió y la condujo a través de laberínticos pasillos hasta la sala de clonación.
Los dos seres caminaban en silencio por los pasillos. La muchacha iba tambaleándose, e incómoda por la sorpresiva sujeción de su cuerpo. Llevaba toda su vida desnuda y la ropa le resultaba otro obstáculo más, como habían sido andar o hablar. Al fin llegaron a una gran puerta con el número 11
Cientas de Andrómedas en tubos de líquido alto en nutrientes flotaban en posición fetal a su alrededor, todas aparentaban tener unos diecinueve años, pero a medida que avanzaban por el pasillo iba menguando su edad. Andrómeda las miró a todas sin comprender, no se reconocía a sí misma en ellas, pero podía ver que todas eran idénticas entre sí.
-Esta es la verdad –Dijo Cuatro con cautela señalando los tubos-criadero- Esto es lo que había antes de la sala roja. Tú, como ellas, naciste aquí, por el bien de la humanidad.
Andrómeda formuló la pregunta que llevaba guardándose desde hacía días.
-¿Qué es la humanidad?
-Es aquello a lo que servimos. Los seres humanos confían en nosotros para dirigir su mundo y resolver sus problemas, debemos hacer honor a esa confianza cuidando de ellos y protegiéndolos de todo. Tú tendrás el honor de trabajar para la humanidad, como harán todas tus hermanas.
-¿Qué es un ser humano? –insistió ella, sus enormes ojos grises no apartaban la vista de uno de los ojos de la máquina, que se disponían por todas partes-
-Son seres como tú y como yo, pero no son tú, ni yo. –Continuó- Nosotros somos creaciones de la máquina, máquinas biológicas, creadas de cero. Sin sentimientos o pensamiento crítico, pero con la curiosidad e inteligencia de un ser humano, o superior. Ellos son débiles e incapaces de sobrevivir por ellos mismos, por eso nos crearon. Nosotros somos ciencia.
-Somos ciencia –repitió ella.
-Eres de los primeros especímenes de la serie Andrómeda. Tu deber es cumplir las órdenes de la máquina, tu deber es servir a la humanidad.
Andrómeda titubeó un instante.
-¿Y si las órdenes de la humanidad y las de la máquina difieren?
-Debes escuchar a la máquina, pues la humanidad puede equivocarse. Han delegado y confían en ella, por lo que sus decisiones son también las decisiones de la humanidad.
Andrómeda asintió con la cabeza. Todo tenía sentido. Debía sentirse agradecida por la confianza de la humanidad y esforzarse para no fallarles.
A partir de ese día formó parte de la serie 11 que llevaba su nombre, portando el número 0027.

A partir de ese día comenzó a realizar el cometido para el cual fue creada.