-CÁPSULA
NÚMERO 11, PREPARANDO SU APERTURA. PERSONAL PREVENIDO.
Seis fueron los encargados de abrir la
cápsula, los mismo seis que la habían encontrado meses atrás. Siempre eran los
mismos seis, los encargados de seguir al pie las órdenes más discrepantes y
secretas de la máquina. Vestían ajustados trajes plateados con los que la
máquina registraba cada uno de sus movimientos, y capas negras para indicar su
posición ante la población. El visor en uno de sus ojos y el controlador
instalado en su afeitada nuca los delataba como lo que eran en cualquier parte
de Zidra.
Lo que encontraron en la cápsula no los
sorprendió. En ella había exactamente lo mismo que habían encontrado en las
otras diez: Un ser humano, esta vez otra de sexo femenino. Su sereno semblante dormido
y pálido contrastaba con su cabello negro, extendido alrededor de su cabeza.
Uno de los plateados colocó su mano en la amplia frente de la muchacha,
transmitiendo la información de su calor corporal a la máquina. Otro buscó la
etiqueta de su muñeca, la cual habían encontrado en los demás sujetos, y sus
ojos transmitieron la imagen de la etiqueta a la máquina.
-ANDRÓMEDA
WINTER –leyó la robótica voz que salía de uno de los altavoces de la sala y
de cada uno de los comunicadores de Los Seis- ALMACENADA EL DÍA SIETE DE MARZO DEL AÑO 2 DESPUÉS DE LA ALIANZA JUNTO
A SUS COMPAÑEROS. HIJA DEL Dr. WINTER, POR FAVOR, QUEDA EN SUS MANOS TODO LO
QUE TENGO, CUIDADLA BIEN TRAS SU DESCRIOGENIZACIÓN. ELLA NO FUE CULPABLE.
La parte humana de Los Seis les permitió sentir
curiosidad, ¿Culpable de qué? El resto de etiquetas se limitaban a exponer los
datos personales de cada muchacho, pero aquella venía en forma de súplica.
Además, todos los demás databan del día 26 de Noviembre del 2580 antes de La Alianza
y de la guerra, pero no ésta última. La máquina detectó estas inseguridades, y
la máquina habló de nuevo:
-EL SUJETO ES SANO
Y VIABLE. SE PROCEDERÁ A SU CLONACIÓN POR EL BIEN DE LA HUMANIDAD AL IGUAL QUE
EL RESTO DE ELLOS. EL RESTO DE DATOS SON IRRELEVANTES. ANDRÓMEDA DE 19 AÑOS Y 3
MESES DE EDAD DARÁ LUGAR A LA SERIE ANDRÓMEDA, LLEVADLA A LA SALA ROJA.
La posible duda que pudieran haber sentido
los plateados no duró mucho en sus frágiles mentes, todos murmuraron al unísono
aquello de “por el bien de la humanidad” y comenzaron su tarea. Levantaron el
cuerpo desnudo de Andrómeda como quien levanta un fardo y la llevaron a una
camilla. De los seis, Uno examinó su cuerpo en busca de desperfectos, encontró
cicatrices en su espalda y brazos que comenzó a eliminar; Dos introdujo un
suero descongelante en su sistema sanguíneo; Tres y Cuatro cerraron y
almacenaron la cápsula, con la etiqueta aún en su interior; Cinco preparó la
sala roja con todo lo necesario y Seis conectó su sistema sanguíneo en proceso
de descongelación a la máquina de diálisis. El genoma de Andrómeda quedó
totalmente secuenciado en apenas unos minutos, y su sangre quedó limpia de
agentes peligrosos o innecesarios. Su corazón alcanzó un ritmo aceptable de
latido y su cuerpo empezó a calentarse.
Andrómeda despertó en la sala roja. O mejor
dicho, nació en la sala roja.
Se le
llama la sala roja porque básicamente, está iluminada con una cálida luz de ese
color. A la hora de poner nombres, la máquina no posee demasiada inventiva.
Tiene forma rectangular y cuenta con una cama, una pantalla, un aseo y varios
instrumentos médicos de análisis. Cada día uno de Los Seis entra en la sala
roja para examinar a Andrómeda. Le pregunta si sabe quién es, le pregunta si
recuerda cómo hablar, la hace caminar sobre una cinta y se asegura de que come
y bebe lo necesario. Cada día Andrómeda no habla, no recuerda y camina
torpemente, no en vano lleva sin utilizar los músculos alrededor de 240 años.
Se mueve y obedece a las instrucciones de los plateados automáticamente, sin
objetar nada, casi por instinto. No se esfuerza en especial en mejorar o en
comunicarse, simplemente es. Le lleva la inercia y el instinto de seguir viva.
Al séptimo día le implantan una KATT en el
brazo. No es nada fuera de lo común, pero posee algunas modificaciones con
respecto a los de la población normal de Zidra. Está en constante contacto con
la sangre de Andrómeda y envía sus signos vitales y cada uno de sus componentes
en sangre a la máquina en todo momento. La KATT es el sistema de todo. En el
pasado el ser humano necesitaba de infinidad de aparatos, actualmente solo
necesita de la KATT. La KATT controla todo lo que está permitido controlar,
sirve de comunicador, de diagnosticador, de instrumento de trabajo, de búsqueda
de información y localizador. Se conecta a todo lo conectable, a cualquiera de
la infinidad de pantallas de Zidra. Es un entretenimiento constante implantado
en tu antebrazo. Andrómeda intentó extirpárselo en varias ocasiones, en las que
Los Seis la controlaron, cuidaron de su hemorragia y volvieron a implantárselo.
Al tercer intento desistió.
Al vigésimo día habló.
Tenía la voz entrecortada y gastada, como
quien acaba de quedarse afónico:
-No me gusta.
Uno de los Seis, aquel que portaba en su
traje el número 4, levantó la mirada y la fijó justamente a sus ojos. Su rostro
apenas reflejaba nada, señales de que estaba más pendiente de las órdenes de la
máquina que de su frágil paciente. Al final contestó, con voz quebrada,
preguntándole a qué se refería.
-No me gusta la luz. No me gusta la comida.
Me duele. – La chica hablaba con dificultad y lentitud, palabras que llevaba
varios días sopesando. – No entiendo.
El plateado le dedicó una suave sonrisa, que
descolocó a Andrómeda por completo, aunque sin darse cuenta, ella sonreía a su
vez.
-Dí lo que deseas y se te dará. Dentro de
poco trabajarás por el bien de la humanidad.
-Quiero
ropa. –Susurró, recordando por un momento que existía el pudor a estar
desnuda.- Quiero saber.
-¿Recuerdas
quién eres?
Andrómeda
se encogió de hombros.
-Sé que soy
Andrómeda, sé que estoy en esta sala. Sé hablar, y moverme, y pensar.
-¿Y antes
de esta sala?
-¿Antes?
–Lo miró sin comprender- pitidos, debilidad... No, espera –se detuvo- eso fue
también en esta sala.
El número
cuatro asintió en silencio y salió del pequeño habitáculo de la muchacha.
Volvió tras pocos minutos, con un traje completo ajustado a su cuerpo,
totalmente a su medida. Era de color blanco níveo, con una ancha franja roja
atravesando horizontalmente su pecho. Llevó a Andrómeda a la ducha y la limpió
a conciencia, ella se dejó hacer, aún confusa debido a los cambios en su corta
vida. Cuatro la secó, le recortó la melena hasta dejarle el pelo muy corto, la
vistió y la condujo a través de laberínticos pasillos hasta la sala de
clonación.
Los dos
seres caminaban en silencio por los pasillos. La muchacha iba tambaleándose, e
incómoda por la sorpresiva sujeción de su cuerpo. Llevaba toda su vida desnuda
y la ropa le resultaba otro obstáculo más, como habían sido andar o hablar. Al
fin llegaron a una gran puerta con el número 11
Cientas de
Andrómedas en tubos de líquido alto en nutrientes flotaban en posición fetal a
su alrededor, todas aparentaban tener unos diecinueve años, pero a medida que
avanzaban por el pasillo iba menguando su edad. Andrómeda las miró a todas sin
comprender, no se reconocía a sí misma en ellas, pero podía ver que todas eran
idénticas entre sí.
-Esta es la
verdad –Dijo Cuatro con cautela señalando los tubos-criadero- Esto es lo que
había antes de la sala roja. Tú, como ellas, naciste aquí, por el bien de la
humanidad.
Andrómeda
formuló la pregunta que llevaba guardándose desde hacía días.
-¿Qué es la
humanidad?
-Es aquello
a lo que servimos. Los seres humanos confían en nosotros para dirigir su mundo
y resolver sus problemas, debemos hacer honor a esa confianza cuidando de ellos
y protegiéndolos de todo. Tú tendrás el honor de trabajar para la humanidad,
como harán todas tus hermanas.
-¿Qué es un
ser humano? –insistió ella, sus enormes ojos grises no apartaban la vista de
uno de los ojos de la máquina, que se disponían por todas partes-
-Son seres
como tú y como yo, pero no son tú, ni yo. –Continuó- Nosotros somos creaciones
de la máquina, máquinas biológicas, creadas de cero. Sin sentimientos o
pensamiento crítico, pero con la curiosidad e inteligencia de un ser humano, o
superior. Ellos son débiles e incapaces de sobrevivir por ellos mismos, por eso
nos crearon. Nosotros somos ciencia.
-Somos
ciencia –repitió ella.
-Eres de
los primeros especímenes de la serie Andrómeda. Tu deber es cumplir las órdenes
de la máquina, tu deber es servir a la humanidad.
Andrómeda
titubeó un instante.
-¿Y si las
órdenes de la humanidad y las de la máquina difieren?
-Debes
escuchar a la máquina, pues la humanidad puede equivocarse. Han delegado y
confían en ella, por lo que sus decisiones son también las decisiones de la
humanidad.
Andrómeda
asintió con la cabeza. Todo tenía sentido. Debía sentirse agradecida por la
confianza de la humanidad y esforzarse para no fallarles.
A partir de
ese día formó parte de la serie 11 que llevaba su nombre, portando el número
0027.
A partir de
ese día comenzó a realizar el cometido para el cual fue creada.
